Rodo llega a casa del trabajo. Antes de que pueda cambiarse la ropa del trabajo, levanta a su hijo Malakai y lo lanza juguetonamente al aire. Malakai estalla en un ataque de risa. Rodo y Malakai, tomados de la mano, salen caminando por la puerta hacia el cálido sol de Mazatlán para jugar a las luchitas como lo hacen los niños y sus papás. ——— Era un frío Domingo de Noviembre cuando estaba visitando una iglesia en Michigan, EE. UU., para compartir acerca del sitio de Back2Back en Mazatlán junto a Rodo y su esposa Becca. Becca estaba inmersa en una conversación. Le quité a Malakai de los brazos y nos alejamos unos metros para que pudiera hablar sin interrupciones. No tenía ningún juguete de bebé conmigo, así que saqué mi teléfono y tomamos fotos y jugamos con las luces y la música. Miré una foto que Malakai acababa de tomar y noté las características de sus mejillas. Esas mejillas las había visto antes. Malakai es la viva imagen de su papá. En ese momento, me perdí temporalmente en dos décadas de recuerdos de Rodo. Rodo fue el primer graduado masculino del Programa Esperanza y, junto con muchos otros miembros del staff de Back 2 Back, Todd y yo estábamos profundamente involucrados en su vida. Rodo me contó que, como estudiante del Programa Esperanza, había estudiado a Todd y a los demás papás del staff de la organización, para aprender a cómo ser esposo y padre algún día. Rodo se sentaba en su habitación, mirando por la ventana en nuestro campus de Monterrey, México. Vio como Todd llegaba a casa del trabajo, agarraba a nuestros revoltosos hijos y los llevaba al campo a correr y jugar. Mientras estaba sentada allí reflexionando, me di cuenta de que mientras estábamos inmersos hace años en la monotonía diaria de despertar y llevar a Rodo a la escuela, anhelando verlo tener éxito, Dios tenía a Rodo y Malakai en mente. Yo solo podía ver desde mi perspectiva terrenal, pero Dios podía ver todas las generaciones que seguirían a Rodo. Sabía que el joven se convertiría en esposo y luego en padre de un niño cuyo hogar tendría padres que lo amarían a él como persona, a los demás y a Dios. Encuestamos informalmente a los graduados del Programa Esperanza y recientemente nos dimos cuenta de que Back2Back tiene 22 “nietos”, 21 de los cuales viven con sus padres. Eso es un cambio generacional. A menudo me encuentran diciendo: "Los huérfanos y los niños vulnerables no son el resultado de la escasez financiera, sino el resultado de la ruptura de las relaciones". Me encanta que Rodo y los graduados del programa han seguido teniendo títulos universitarios y la capacidad de mantener a sus familias, pero lo que amo aún más son las valiosas habilidades para la vida que han adquirido al vivir con los padres de familia del Programa Esperanza y junto al staff de Back2Back: tales como el saber argumentar y hacer las paces, como ver las relaciones como algo que vale la pena el esfuerzo y trabajo. Me encanta que el estar con ellos todos los días es un ejemplo de que la presencia de un adulto seguro importa. Lo que más me gusta es que Malakai algún día entenderá que está en una historia redentora escrita por un Padre celestial con grandes planes para todos nosotros. -- Beth Guckenberger (Co-fundadora de Back 2 Back México A. C.)